Hernando de Hoces Triunfos Preliminares 1554
Transcription
[PORTADA]
Los Triumphos de Francisco Petrarcha, ahora nuevamente traduzidos en lengua castellana, en la medida y número de versos que tienen en el toscano, y con nueva glosa.
Dirigidos al ilustríssimo señor don Ioan de la Cerda, Duque de Medinaceli, Marqués de Cogolludo, Conde del gran Puerto de Sancta María, Señor de las villas de Deça y Enciso, etc.
[Marca del impresor]
En Medina del Campo por Guillermo de Millis
1555
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[PRÓLOGO]
Prólogo al ilustrísimo señor don Ioan de la Cerda, Duque de Medina Celi, Marqués de Cogolludo, Conde del gran Puerto de Sancta María, Señor de las villas de Deça y Enciso, etc.
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Después que Garcilasso de la Vega y Ioan Boscán truxeron a nuestra lengua la medida del verso toscano, han perdido con muchos tanto crédito todas las cosas hechas, o traduzidas en cualquier género de verso de los que antes en España se usavan, que ya casi ninguno las quiere ver, siendo algunas (como es notorio) de mucho precio. Y como una dellas, y aun a mi parescer de las mejores, fuesse la traductión de los Triumphos de Petrarcha, hecha por Antonio de Obregón, porque algunos amigos míos que no entendían el toscano no dexassen por esta causa del [sic] ver una cosa de tanto valor como los dichos Triumphos son, en algunos ratos de[l] verano passado, que para ello tuve desocupados, hize otra nueva traductión en la misma medida y número de versos que el toscano tiene. Y assí mismo le puse nuevo comento, no tan breve como el de Alexandro Vellutello, ni tan largo en muchas cosas como el de Bernardo Illicinio, sino tomado a pedaços de entrambos, quitando algo de lo que parescía superfluo, y añadiendo lo que en mi juizio era muy necessario. He sido tan importunado de algunos que después lo han visto, que lo saque a luz, que no he podido dexar de hazerlo, paresciéndome que pues solo para el contentamiento de mis amigos fue traduzido, que también es justo que a voluntad suya sea publicado. Y como en todas las cosas suelen suplir por arte lo que les falta por naturaleza, assí ahora me ha parescido ser necessario, que el daño que la presente traductión tiene, de parte de ser yo quien la hizo, se remedie con ser vuestra Señoría quien por cosa suya la reciba y favorezca. A vuestra Señoría suplico sea servido de hazerlo assí, porque desta manera no solamente se ganará por el un camino todo lo que está perdido por el otro, mas aún no serán ya de tanto precio los Triumphos, por hechos de Petrarcha, cuanto por favorescidos de vuestra Señoría, cuyo valor y entendimiento y todas las otras cosas son muy enteramente dignas de aquellos reyes de España y Francia, de gloriosa memoria, de quien tan cercanamente vuestra Señoría desciende. [fol. *2r] |
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[LA VIDA DE FRANCISCO PETRARCA]
La vida de Francisco Petrarcha
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La ínclita ciudad de Florencia, en mayor estremo que todas las otras de Italia, fue inficionada de aquellas dos tan pestíferas parcialidades de de Güelfos y Gibellinos, nombres en toda la cristiandad muy notorios. Y comoquiera que el principio dellos fuesse pequeño, el sucesso ha sido después tan grande y estendido, que aún siendo el día de oy la Cesárea Majestad señor de los unos y de los otros, todavía son tenidos por verdaderos imperiales los gibellinos y más inclinados a las cosas francesas los güelfos. Estando pues todas las personas principales de Florencia, y los que a ellos seguían, divididos en aquellas dos parcialidades, y siendo a vezes los unos superiores a los otros, fueron finalmente echados della los gibellinos, quedando de todo punto el señorío y governación en poder de sus contrarios los güelfos, y estuvo assí por algunos años. En este tiempo avía en Florencia dos casas, o linages, assí por riqueza como por nobleza y parentela muy poderosas, la una llamada de Cerchos o Círculos o (según algunos) Cuchios, y la otra de Donatos. Y comoquiera que entre ellos oviesse alguna mala voluntad, no avía sido de manera que las cosas llegassen a rompimiento. Sucedió a esta sazón, que sería poco antes del año de mil y trezientos, que en la ciudad de Pistoya, lugar vezino a Florencia, avía un linage o casa que dezían los Cancilleres, de muchas y muy principales personas, y jugando un día dos cavalleros mancebos, y entrambos de aquel linage, y viniendo a palabras, y dellas a las manos, el uno hirió al otro, aunque bien ligeramente. Y como era todo entre parientes, el padre del herido, aviendo de lo hecho grandíssimo enojo, mandó ir el hijo a ca[fol. *2rv]sa del padre del herido, a pedirle perdón, creyendo que desta manera cessava toda la desgracia que de allí se podía seguir. Pero sucedió el caso muy diferentemente de lo que era justo, porque el padre del herido mandó a ciertos criados suyos que prendiessen a aquel cavallero, y le hizo cortar la mano, diziéndole que bolviesse a su padre y le dixesse que las heridas no se solían curar con palabras, sino con hierro. El padre del pobre cavallero de la mano cortada, sintiendo el caso como era razón, con toda la solicitud possible, començó a adereçarse para la vengança d'él, y también el enemigo para la defensa. Y no solamente los de aquel linage se declararon en favor del uno de aquellos dos cavalleros, pero muy brevemente toda la ciudad de Pistoya, siguiendo al uno o al otro, fue dividida en dos partes. Y porque este linage de Cancilleres descendía de un Micer Canciller, el cual avía tenido dos mugeres, una de las cuales se avía llamado Blanca, la una destas dos opiniones, que eran los descendientes de aquella muger, se llamaron Blancos, y los otros por el contrario se començaron también a llamar la parcialidad Negra. Aviendo pues sucedido entre ellos diversos scándalos y muertes de hombres y assolamientos de casas, y procediendo su enemistad siempre más adelante, a los unos y a los otros paresció serles cosa importante ganar amigos en Florencia, por la vezindad que con aquella ciudad tenían. Y assí los Negros tomaron familiaridad con Micer Corso o (según otros) Accursio, cabeça de los Donatos. Y los Blancos recorrieron a Micer Veride Cercho, hombre en toda calidad igual a Micer Corso. Y como entre aquellos dos linages (según es dicho) ya se tenía poco buena voluntad, la venida de los de Pistoya hizo que de allí adelante fuesse mucho menos, hasta que ya de todo punto los unos vinieron en rompimiento con los otros. Todo lo cual se podrá ver muy particularmente en las historias florentinas, y aún en otras muchas partes. Y como todos eran de opinión güelfa, començaron las dos parcialidades a tomar nuevos nombres, de manera que los Donatos favorescedores de la parcialidad Negra de Pistoya fueron ellos también llamados Negros, y los Cerchos fue[fol. *3r]ron llamados Blancos, por aver (según es dicho) favorescido a los de la opinión Blanca de Pistoya, de manera que assí las parcialidades como los nombres dellas vinieron entonces a Florencia de la ciudad de Pistoya. Aviendo pues sucedido entre estas dos parcialidades muchas y muy grandes diferencias, la parte Blanca echó fuera de la ciudad a los de la Negra, los cuales, rehaziéndose, fueron poderosos de bolver a la patria y echar della a toda la parcialidad Blanca, desterrándolos perpetuamente y confiscándoles sus bienes, y entre ellos fue uno el Dante Aligero, excellente y muy conoscido poeta, y un Petrarcho de Parenzo, notario en aquella ciudad. Lo qual fue en el año de mil y trezientos. Este Petrarcho y su muger, llamada Brígida, la cual era del noble linage de los Canigianos, se fueron a vivir a la ciudad de Arezo, adonde en el año de mil y trezientos y cuatro, a los veinte días de julio, un lunes al amanescer, les nasció un hijo, al cual llamaron Francisco, y como su padre era llamado Petrarcho de Parenzo, assí el hijo Francisco de Petrarcho, y después Francisco Petrarcha fue llamado, según que en una carta suya él mismo cuenta. Escrívese que siendo su madre llegada a los dolores del parto estuvo por gran espacio amortescida, de suerte que de los médicos verdaderamente fue tenida por muerta. Y por tanto dize Petrarcha que primero que nasciesse avía començado a morir. Tuviéronle en Arezo siete meses, y después, no pudiendo su padre más estar en aquella ciudad, se fue con el hijo y toda su casa por diversos lugares de Toscana, y al passar del río que llaman Arno, para ir a la ciudad de Pisa, un hombre que llevava el mochacho juntamente con su cavallo cayeron en el agua, adonde Petrarcha passó grandíssimo peligro de ser ahogado. Aviendo estado pocos días en Pisa, a su madre fue alçado el destierro, y con voluntad del marido, llevando consigo el hijo, se fue a vivir a Lancisa, lugar puesto a catorze millas de Florencia, adonde Petrarcha estuvo hasta ser cumplidos los siete años. En el cual tiempo, aviendo su padre muchas vezes procurado bolver a la patria y no aviendo efecto, tornó a traer la muger consigo y juntos estuvieron en Pisa otros dos años. [fol. *3v] Siendo después Petrarcho del todo desconfiado de poder bolver a Florencia, determinó irse a vivir a Francia en la ciudad de Aviñón, donde en aquel tiempo la corte romana residía. Y, paresciéndole ser el camino de menos trabajo por la mar, entró en ella con la muger y hijo y poca hazienda que le avía quedado. Y llegando ya cerca de Marsella, la nave en que venía se rompió, de manera que con grandíssima dificultad se pudieron salvar. Assí que nuestro poeta antes que nasciesse y después en los muy tiernos años començó a probar los miserables golpes de la fortuna. Llegados en Aviñón, y aviendo Petrarcho alquilado una conveniente casa, hizo al mochacho aprender las primeras letras, y hallándole de maravilloso y excelente ingenio, le embió a Carpentras, una ciudad pequeña distante cuatro leguas de Aviñón, adonde en breve tiempo aprendió gramática, lógica y retórica. Después, embiado a Monpeller a estudiar leyes, estuvo allí cuatro años, y luego en Bolonia tres, en el cual tiempo studió todo el derecho civil. Siendo ya llegado a la edad de veinte y dos años, supo cómo sus padres eran muertos en Aviñón, adonde por respecto dello, Francisco Petrarcha tuvo necessidad de bolver. Y de allí en el año siguiente, que fue el de mil y trezientos y veinte y siete, y de su edad veinte y tres, a causa de la pestilencia que en aquella ciudad avía, se fue a un valle apartado de Aviñón cinco leguas, a la parte oriental, llamado Valclusa, lugar mucho solitario, adonde su padre, después de ser en aquella tierra venido, avía comprado algunas heredades. Sucedió estando entonces Petrarcha en este valle, que yendo la mañana del viernes santo (que según escrive fue aquel año a seis de abril) a un lugar llamado Lila, casi a media legua de Valclusa, a la parte occidental, por oír los divinos oficios, una hija del señor de Cabrieres, lugar pequeño, puesto también a otra media legua de la Valclusa, mas a la parte de Oriente, donzella de gran hermosura, acompañada de otras mugeres, también venía a oír missa en Lila (porque en aquel lugar de su padre tampoco como en Valclusa se dezía sino muy pocas vezes) y aviendo passado uno de los ramos del río de la Sorga [fol. *4r] que a Lila hazen isla, y siendo cansada del trabajo del camino, casi a una milla del lugar se avía assentado a la sombra de unos árboles, en una muy fresca pradería que allí estava, por donde Petrarcha avía de passar. El cual llegado y vista la beldad de la donzella, que Laureta se llamava, de tal suerte se enamoró della que la amó veinte y un años en vida, y todos los otros que después de ser muerta él vivió, celebrando sus virtudes y hermosura con maravilloso ingenio y elegancia y no llamándola de allí adelante Laureta, sino Laura, paresciéndole ser más conveniente nombre. En este mismo año, siendo Ludovico de Baviera vigésimo emperador de los alemanes, passado en Italia para ir a Roma y mostrando mucha voluntad de favorescer la parte gibellina, Francisco Petrarcha y todos los otros desterrados de Florencia cobraron grande esperança de poder bolver en la patria por medio suyo, que no embargante que fuessen de opinión güelfa, el destierro y daños recebidos les avía hecho tomar amistad con los gibellinos. Y assí nuestro Petrarcha, por consejo de sus amigos, se fue a Milán, adonde del señor Azo, hijo de Galeazo y nieto del gran Vizconde Mattheo, que a la sazón era señor de aquella ciudad, fue benignamente recebido y estuvo allí algún espacio de tiempo, esperando el sucesso de las cosas de Italia. Mas finalmente, sintiendo que sus adversarios con cierta cantidad de dineros avían remediado el peligro del de Baviera, se tornó en Aviñón. Y porque su condición le inclinava a otras cosas de mayor valor, y no al studio importuno de las leyes (en el cual solo por el mandamiento y reverencia de su padre se avía ocupado) lo dexó, y de todo punto se dio a los studios de humanidad, a los cuales siempre dende mochacho avía tenido mucha inclinación. Estavan en este tiempo en Aviñón con el Pontífice Ioan vigésimo secundo, el señor Stephano Ioan cardenal y Iacobo obispo de Lumboriense, entrambos hijos del señor Stephano Colonna el Viejo, personas de gran virtud y nobleza, con los cuales Petrarcha vino en tanta amistad y familiaridad que parescía sin ellos no poder vivir, y assí se fue con el obispo a Gascuña, a cierto lugar de mucho passatiempo, donde muy a su gusto todo [fol. *4v] un verano se gastó. Buelto después en Aviñón, estuvo algunos años en casa del cardenal, y no como criado, sino como un querido y muy regalado hijo, en el cual tiempo muchas vezes fue a Valclusa, y de allí a Cabrieres a visitar a su Madona Laura. Encendido después con desseo de querer ver a Francia y Alemania, puso el viaje en efecto, y aviéndose a la buelta detenido algunos días en León so la Rona, supo cómo el obispo era partido para ir a Roma, al cual escrivió una carta, quexándose mucho de que oviesse hecho sin él aquel viaje, y assí mismo escrivió al cardenal a Aviñón todas las cosas dignas de memoria que en el camino avía visto, y cómo muy presto le bolvería a ver. Passados pocos días recibió letras del obispo en respuesta de la suya, por las cuales le rogava que se fuesse luego a él a Roma, y haziéndolo assí vio aquella tan insigne ciudad, y en las señales de los edificios della, según escrivió al cardenal, juzgó aver sido muy mayor cosa de lo que por escrito hasta entonces avía hallado. Buelto en Aviñón estuvo por consejo del cardenal y del obispo cierto tiempo en servicio del Pontífice, el cual en muchos negocios se aprovechó de nuestro poeta, embiándole diversas vezes en Italia a Roma y en Francia al rey Philippo, de suerte que parecía que cerca del Papa estuviesse en grandíssima reputación y favor, por lo cual Petrarcha tenía gran esperança de alcançar alguna principal dignidad, especialmente aviéndole sido hechas por el Pontífice muchas y muy grandes promessas, pero siendo últimamente desengañado, y visto que las dignidades antes se darían a algún idiota por simonía o favor, o otro camíno ilícito, que no a él, que por sus virtudes le parecía tenerlas muy bien merecidas, y allende desto desagradándole demasiadamente los grandes vicios de la corte, determinó dexarla juntamente con el servicio del Pontífice y, pareciéndole su Valclusa lugar muy cómodo a su condición y estudio, se fue a vivir allá con todos sus libros y las otras cosas necessarias, adonde estuvo entonces de assiento algunos años, en el cual tiempo yendo muchas vezes a Cabrieres visitar a Madona Laura, según que para ello se ofrecían ocasiones, perseve[fol. *5r]ró en hazer la primera parte de sus sonetos y canciones que algunos días antes avía sido por él començada. Escrivió también entonces la mayor parte de sus obras latinas, y especialmente la Aphrica, de la cual, siendo brevemente estendida la fama, fue cosa maravillosa que, en un mismo día, recibió cartas del Senado de Roma y de los Cancilleres del estudio de París, combidándole los unos y los otros a que fuesse a su ciudad a recebir la corona de laurel. Petrarcha estuvo dudoso en cual de los dos ofrecimientos aceptaría, mas aconsejado del Cardenal y de Thomás de Messina, su grandíssimo amigo, determinó ir a recebirla a Roma y assí, en el mes de março del año del señor de mil y trezientos y quarenta y uno, a los treinta y siete años de su edad, se embarcó en Aguas Muertas. Pero antes de entrar en Roma quiso ir a hazer reverencia a Roberto, rey de Nápoles, de quien ya por cartas era gran servidor. Y, aviéndole en tres días continuos leído toda la Aphrica, fue por aquel rey sapientíssimo juzgado enteramente merecedor de la corona laurea. Y assí, con gran instancia, le rogó que en Nápoles la quisiesse recebir, pero entendida su determinación le hizo muy honradamente acompañar hasta Roma, escriviendo en su loor y favor al Senado della todo lo que de las virtudes de Petrarcha sentía. Llegado nuestro poeta a Roma en el solenne día de la Resurrectión, que en aquel año era a los ocho de abril, fue con grandíssimo favor y alegría de todo el pueblo coronado de laurel. Y siendo ya la fama suya muy estendida por Italia, era de todos los señores della en gran manera desseado. Partido de Roma fue a Parma a visitar los señores de Corregio, de los cuales recibió grandes honras, y especialmente el Arcedianazgo de aquella ciudad. Estuvo entonces algunos días cerca del río de la Elza, en los confines de Regio, en un lugar en gran manera deleitoso, adonde tornó de nuevo a limar su Aphrica de algunas cosas que en ella le pareció que era necessario enmendar. Compró también en Parma una casa adonde por algunos días estuvo de assiento. Y siendo llegado al año cuarenta de su edad le [fol. *5v] fue escripto de Florencia por algunos sus amigos cómo ellos avían suplicado a los que entonces governavan aquella ciudad le fuesse alçado el destierro y restituidos los bienes paternales, y que atenta su buena fama, mediante la cual era de muchos amado y desseado, lo pensavan muy presto alcançar, de cuya causa él se passó a Arezo, adonde fue con estraña cerimonia recebido y en gran manera de todo el pueblo honrado. Estuvo algunos días allí procurando siempre con letras y mensajeros lo que sus amigos le havían escripto, lo cual no le era del todo negado, ni tampoco verdaderamente concedido, de manera que viendo ir aquel negocio muy a la larga, dexó el cuidado d'él a sus amigos y se tornó a Parma, adonde aviendo estado buen tiempo, passando los Alpes fue a su antigua morada de Valclusa, y de ay después de algunos días tuvo necessidad de bolver a Parma, y de Parma fue a Verona a visitar los señores de la Escala, y como oviesse sido muchos días antes con letras y mensageros, assí en Italia como en Francia requerido del señor Iacobo de Carrara, cuya entonces era la ciudad de Padua, quisiesse recebirle en su amistad, determinó ir a ver a quien tanta voluntad avía mostrado de tener con él estrecho conoscimiento. Llegado a Padua fue de aquel señor no de otra manera recebido (como él mismo cuenta), que si verdaderamente fuera un muy querido hermano, y allende de otras señales muy grandes de benivolencia, sabiendo que desde moço avía tenido inclinación al hábito eclesiástico, por darle ocasión a no partirse de su compañía, le hizo proveer de un canonicato de aquella ciudad. Y assí, entre tanto que este señor vivió, que fue muy pequeño tiempo, tuvo siempre cerca de sí en este lugar a nuestro poeta. Siendo ya de cuarenta y cuatro años supo cómo su Madona Laura era muerta, de lo cual mostró tan estraño sentimiento que muchos días estuvo casi sin hablar ni querer comer, sino a grandíssima importunidad de los amigos, sustendándose solamente de lágrimas y sospiros. Murió assimismo en este tiempo el señor Iacobo de Carrara, por donde Petrarcha se tornó de la otra parte de los [fol. *6r] Alpes, y estuvo entonces en ella por algunos años de assiento, en los cuales escrivió la segunda parte de sus Sonetos y canciones, y casi lo más de sus excelentes Triumphos. Siendo después muertos aquellos señores colonneses, que él tanto quería, determinó tornar en Italia, adonde en Venecia con algunos grandes amigos suyos y en Parma con los señores de Corregio, y en Padua con Francisco de Carrara, y con los señores de la Escala en Verona, gastó algún pequeño tiempo. Y siendo requerido a esta sazón por el Vizconde Galeazo, conde de Pavía, el cual era señor de Milán juntamente con su hermano Bernabo, se fuesse a residir en su compañía a título de persona de su consejo, lo puso assí por obra, y en cuanta autoridad y reputación cerca d'él estuviesse se puede juzgar en lo que escrive Bernardino Corio, coronista de las cosas de Milán. Este dize que en el año de mil y trezientos y sesenta y ocho, en las bodas que se hizieron en la dicha ciudad de Violante, hija deste señor con Leonel, hijo de Eduardo tercero deste nombre, rey de Inglaterra, Petrarcha estuvo assentado en la principal mesa, adonde solamente avía duques y marqueses y grandes señores, y que en este mismo día le vino nueva que un hijo muy pequeño, llamado también Francisco, era muerto en Pavía; pero por más cierto se tiene que no era hijo sino nieto, nascido de una hija suya no legítima que avía casado con un Francisco de Amicolo de Borsano, milanés, el cual fue después su general heredero. Y esta su hija, según se puede entender en el epitaphio que está en la sepultura suya en Treviso, cerca de la puerta de sant Francisco, fue una muy honrada matrona y vivió diez años más que su padre. Esto se dize porque se entienda la verdad y no se tenga de nuestro Petrarcha assí mala opinión, que en tal edad no fuesse continente, especialmente que en ello se oviera hecho mentiroso de aver escrito en una carta suya que llegado a los cincuenta años, no embargante que entera salud tuviesse, de todo punto se le havía quitado cualquier apetito deshonesto, y lo mismo parece que aya querido dar a entender en muchas partes de sus obras. Siendo ya llegados a los [fol. *6v] sesenta y cinco años de su edad, y determinando reposar, se tornó a Padua, de donde se fue con un Lombardo Ascrigo, grande amigo suyo, a estar en cierto lugar llamado Arcua, que es a diez millas de Padua. Estuvo allí por espacio de cinco años, ocupado en estudios poéticos y de filosofía, en el cual tiempo le fue embiado de la República de Florencia Ioan Bocacio de Certaldo con letras en que se contenía serle alçado su destierro y restituidos todos los bienes paternales, según que en la respuesta suya para la dicha República se puede ver. Llegado al año setenta de su edad, siendo (como algunos dizen) salteado de un cierto paroxismo de morbo comicial, que es lo que llamamos gota coral, a los diez y ocho días de julio del año de mil y trezientos y sesenta y cuatro, dio el ánima a su criador, la cual en remuneración de sus obras y singulares virtudes piadosamente es de creer que está en el número de los escogidos bienaventurada. Y es muy justo que por ella rueguen al sempiterno Padre aquellos que se deleitan en leer sus excelentes obras. Su cuerpo, según él lo dexó ordenado, fue puesto en aquel mismo lugar, delante de la puerta de la iglesia en un sepulcro de piedra roxa assentado sobre cuatro colunnas, a las cuales por dos gradas, que también son de la misma piedra, se sube. Hallóse en su enterramiento Francisco de Carrara, señor de Padua, y el obispo con toda la clerezía, frailes y monjes de aquella ciudad y su comarca, y assimismo todos los cavalleros, doctores y scolares que en ella avía. Fue traído desde su casa hasta la iglesia con gran sumptuosidad, cubierto el cuerpo con un paño de oro de mucho precio, aforrado en armiños, y en su loor fue hecho un excelente sermón por fray Bonaventura de Perogna, el cual fue después Cardenal. Hizo testamento en Padua, antes que a Arcua fuesse a vivir, y dexó por su general heredero, como arriba es dicho, a aquel Francisco de Borsano, pero fue mandado en particular a todos sus criados alguna cosa, allende del débito salario según que la suerte de cada uno dellos merecía, y lo mismo hizo a todos sus amigos. Fue inclinado a tener en poco la riqueza, no porque desechasse lo que [fol. *7r] algunos le querían dar, como en una epístola suya afirma, pero aborrecía mucho la fatiga que se passa en ganarla y el cuidado que se ha de tener para conservarla después de ganada. Contentávase con pocos y comunes manjares, aborrecía los superfluos y grandes conbites y todo desordenado comer. De ninguna cosa holgava tanto como de vivir templadamente en compañía de sus amigos, y desta causa jamás alegremente se vio comer solo. Toda pompa tuvo siempre en menosprecio. Fue de amor grandíssimo y muy durable, pero fue solo uno, y aquel muy honesto, según en sus obras parece. Era de condición desdeñoso, pero ligero de aplacar. Tuvo siempre mucha memoria de los beneficios recebidos, y gran desseo de amistades, y assí fue dichosíssimo en tenerlas con personas de mucha calidad. Fue muy amador de las cosas honestas, y de tan maravillosa alegría que ninguno podía estar en su compañía triste. Bevía muchas vezes agua sola y era amigo de todo género de frutas. Tenía costumbre de ayunar tres días en la semana, y el sábado a pan y agua. Era de brevíssimo sueño. Levantávase siempre a media noche lo primero a loar a Dios, y después a ocuparse en sus estudios. Usava muchas vezes dormir vestido. Fue de mediana estatura, no de muchas fuerças, pero de maravillosa destreza. Tuvo muy buena presencia y rostro. La color no muy blanca, ni tampoco negra. Tuvo avivadíssimos ojos, y la vista de tanta perfición que hasta passar de los sesenta años leía sin antojos cualquier letra por muy menuda que fuesse. Escrivió allende de los Triumphos y Sonetos y canciones muchas obras en latín, assí en verso como en prosa, de gran excelencia y valor, las cuales por ser muy notorias a todos los estudiosos no ay para qué se gaste aquí tiempo en recontarlas. [fol. *7v] |
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[ARGUMENTO DE LOS TRIUNFOS]
Argumento de los Triumphos
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Queriendo nuestro sapientíssimo poeta tratar en la presente obra de los diversos estados del ánima racional, los dividió en seis partes, y debaxo de nombre de seis Triumphos con maravilloso artificio fueron por él pintados. Y como naturalmente todas las personas en la juventud por la mayor parte sean inclinadas al apetito sensitivo, finge el poeta ver primeramente al dicho apetito debaxo de nombre de amor, que venía sobre un carro triunfal con infinitos prisioneros alrededor d’él. Pero como siendo la edad ya madura, viene en los más a ser la razón señora del apetito, la pinta en el segundo lugar, en persona de Madona Laura, debaxo de nombre de castidad, que triunfa del amor. Y porque haziéndose división del ánima y del cuerpo al tiempo de nuestro fin ya dexamos de ser subjectos al apetito, y a la razón, finge en el triunfo tercero cómo esta división debaxo de nombre de muerte ha triunfado de la razón y castidad, representada según es dicho en la persona de Madona Laura. En el cuarto triunfo porque, según es notorio, aun después del acabamiento de los mortales queda dellos alguna memoria, especialmente de aquellos que buenos y virtuosos han sido, finge esta memoria debaxo de nombre de Fama aver triunfado de la muerte. Pero considerando que a la fin toda memoria y fama, por muy grande que sea, viene a ser acabada con el tiempo, le pone en el quinto triunfo quedar vencedor de la dicha fama. En el sexto y último lugar, visto que por muy largo que el tiempo sea, al fin tiene de acabar, y que ninguna cosa puede aver entre los mortales tan fuerte ni perpetua en quien de todo punto se deva poner nuestra esperança, pone cómo la eternidad ha triunfado del tiempo, dando a entender que en solo Dios eterno y infinito avemos de tener puesta nuestra esperança y felicidad. |
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[AL LECTOR]
Al lector
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También quiero prevenir al lector, que hallará en esta traductión algunas cosas quitadas y muchas de otra manera puestas de como están en lo toscano. Y no embargante que la mayor parte de la culpa desto sea el mal entendimiento del traductor, que no acertó a darle mejor traça, también para lo que se quitó fue mucha ocasión ser los vocablos de la lengua toscana por la mayor parte de menos sílabas que los que quieren dezir lo mismo en la castellana, y desta causa de necessidad se ovieron de quitar algunas palabras, porque a no hazerse o tenía de llevar más versos de los que tiene el toscano o los que llevava ir más largos de lo que la medida dellos requería. Del trocar no pocas palabras, y aun también algunos versos, fue la causa que como muchas vezes acaban los versos toscanos en un consonante que buelto en [fol. *8r] nuestra lengua queda muy diferente, fue necessario buscar otras palabras y términos, por donde tornarlo a hazer conforme. Pero aún fue tanta ocasión como todo lo suso dicho assí para el quitar como para el mudar de algunas palabras huir de poner en un capítulo muchas vezes un mismo consonante y querer guardar enteramente en nuestro verso aquello que casi siempre se guarda en el toscano, que es fenecer todos los versos en vocal, y que ninguno tenga el acento en la última, de cuya causa avía de llevar una sílaba menos, como es notorio. Yo confiesso que a mí me parece esto postrero demasiada curiosidad y cosa que el toscano haze poco en guardarla, pues casi todas las palabras acaban en aquella lengua en vocal, y son muy pocas las que tienen acento en la última. Pero en nuestra lengua es más dificultoso y mucho menos necessario de guardarse, porque según es a todos manifiesto, la mayor parte de las palabras que en ella ay acaban en consonante o tienen el acento en la postrera. De manera que si tenemos de huir destas dos cosas no nos podemos aprovechar de la mitad de nuestras palabras para el acabar de los versos, de cuya causa en lo que se trasladare de otra lengua será necessario desviarse más de lo justo del sentido del original, como en la presente traductión se verá más vezes de lo que yo quisiera. Pero, en fin, me paresció que era mejor aventurarme a este inconveniente que no a contradezir la opinión de tantos como los que el día de oy son de voto que al pie de la letra se imite también en esto la manera del verso italiano, como en todas las otras cosas, puesto caso que no es justo que ninguno condene por malo aquello que don Diego de Mendoça y el secretario Gonçalo Pérez, y don Ioan Coloma, y Garci Lasso de la Vega, y Ioan Boscán, y otras muchas personas doctas tienen aprovado por bueno. Y, en fin, concluyo con suplicar al lector perdone entrambos estos dos defectos juntamente con todos los otros, que no hallará muchas cosas quitadas o trocadas por donde se estrague el sentido del lugar adonde estavan puestas, y las que hallare que lo dañan podralas enmendar para que la traductión sea menos mala de lo que al presente va. |
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Allende de todo lo suso dicho sería cosa possible que por descuido mío o poco cuidado del escriptor que sacó en limpio esta traductión fuesse en ella alguna palabra a quien [sic] con mala intención se le pudiesse dar no buen entendimiento, y aunque yo no la he podido hallar en dos o tres vezes que he tornado a reveer este libro, ni el señor maestro Alexio Vanegas la halló en una que por mandado del príncipe nuestro señor le miró, todavía digo que si en este caso uviere alguna cosa digna de enmienda, el benévolo lector la quite, porque con ella no se inficione lo demás, pues mi intención fue en esto, y será en todo lo que escriviere, hablare y pensare, seguir y creer aquello que nuestra iglesia católica cree y tiene como humilde y muy verdadero hijo suyo. Y dexado esto aparte, que es lo principal, también podría ser que el lector hallasse en la presente traductión alguna cosa, especialmente de las historiales que él uviesse visto, de otra manera escripta; no se maraville dello, antes tenga por cierto que yo la leí de la manera que la hallare puesta, y aun por ventura también como él la leyó, y por parecerme más conforme a razón aquella opinión la quise seguir dexando de poner las que afirman lo contrario. [fol. *8v] |
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[TABLA]
Tabla o índice del presente libro
[Colofón]
Impresso en Medina del Campo en casa de Guillermo Millis detrás de Sant Antolín. Año M. D. LIIII.
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[Emblema del impresor]
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[AL LECTOR: FE DE ERRATAS]
Al lector
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Paresciendo que bastan las faltas que la presente traductión lleva en el stilo, ha procurado el traductor de enmendar las que quedaron, assí cuando se escrivió en limpio para salir de su poder, como después en la impressión, a causa de ser la primera y estar el original de no muy buena letra. Lo que hasta agora se ha visto es lo que aquí va puesto, y en ello se hallará a cuántas fojas y en qué plana de la tal foja está el error, y si es en el texto a cuántos versos, y si es en la glosa a cuántas líneas o renglones. Y tiénese de entender por la A que es en la primera plana de aquella hoja, y por la B que es en la segunda. Podrá el lector trabajar en corregirlo de una vez, porque será descanso para muchos, assí para el que lo corrigiere como para todos los demás a cuyas manos después el libro viniere. |
Editor notes
Documentary and bibliographic data
- Location
Salamanca, Universidad de Salamanca, BG/11397
- Original documentMedina del Campo, Guillermo Millis
- Description
Hernando de Hoces, Los Triunfos de Petrarca, Medina del Campo, Guillermo de Millis, 1554/1555.
Ejemplar que ha servido de base a la transcripción: Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca, sign. BG/11397. Cf. BG/34405. En la guarda del ejemplar se indica que es libro prohibido: "Iste liber est est prohibitus"; pero luego se desdice. Véase lo anotado, a mano, en la portada del impreso: Ya se a averiguado que este libro no está prohibido; antes está conforme al expurgo de 1640, por comissión del doctor Francisco Maldonado" [al margen izquierdo de la marca del impresor] | "Este libro impresso en Valladolid año de 1541 se prohibe en el expurgo de 1640, y aunque este esta impresso en Medina del Campo no sé que sea emendado = pues pregunto, ¿saves que esté dexado de emendar?; parece que no; luego no sabes que esté prohibido; ¿pues para qué lo dices o para qué te metes en escrúpulo con tu duda? [al margen derecho de la marca del impresor]. El impreso vallisoletano de 1541, impreso por Juan de Villaquirán, corresponde a la traducción de Antonio de Obregón.
He llevado a cabo las siguientes modificaciones gráficas: -cc- > -c-: accento, desoccupados, ecclesiastico, occupado, succeso || chr- > cr-: christiandad, sepulchro || -nct- > -nt-: puncto, sancta || -ff-; -ffr- > -f-: affirma, differentemente, difficultad, effecto, officios, offrecimientos || -ll > -l: mill || -ll- > -l-: excellente, illicito, illustrissimo, sillabas || -mf- (-mph-) > -nf-: triumpho || -mm- > -m-: grammatica || ph- > f-; -ph- > -f-: philosophia || -pp- > -p-: appetito || qu- > c-: qualquier, quanto, quatro || rh- > r-: rhetorica || th- > t-: thoscano || -th- > -t-: catholica.
Salvo error se proponen las modificaciones, para casos no regularizados, señaladas arriba, de las que se significan algunas muestras tomadas del ejemplar que transcribo. Se exceptúan de la norma nombres propios (Ioan, Petrarcha), patronímicos, gentilicios, títulos de obras (Triumphos) y topónimos (Puerto de Sancta Maria), así como transliteraciones expresas de términos pertenecientes a otras lenguas distintas del castellano.
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Edition
Juan Miguel Valero Moreno
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Specific bibliography Estelrich, Juan Luis, Triunpho del tiempo, en Antología de poetas líricos traducidos en verso castellano (1200-1889), Palma de Mallorca: Diputación de Las Baleares - Escuela Tipográfica Provincial, 1889, p. 42-46. ¶ García Morales, Justo, Rimas en vida y en muerte de Laura. Triunfos. Traducción de de Enrique Garcés y Hernando de Hoces, Madrid: Aguilar, 1957 [2ª ed., ibid., 1963]. ¶ Fernández López, Sergio, «Vidas de autores italianos en traducciones impresas del Siglo de Oro: Dante, Petrarca y Ariosto», Vidas en papel. Escrituras biográficas en la Edad Moderna, ed. Valentín Núñez Rivera y Raúl Díaz Rosales, Huelva: Universidad de Huelva, 2018, anejo 2 de Etiópicas. Revista de Letras Renacentistas, pp. 205-246 (Vida de Petrarca, pp. 236-243.
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Citation
Letter from to in , ed. Juan Miguel Valero Moreno, in Petrarca Library [<https://bibliotecapetrarca.usal.es/en/documentum/hernando-de-hoces-triunfos-preliminares-1554> Requested: Jun 2, 2026].Cite this document